Campos minados en Buenos Aires

En la ciudad hay que caminar con cuidado.   Enfocar tu atención en dirigir tu movimiento, esquivando peligrosos proyectiles que están por todos lados.

Sembrados indiscriminadamente por traumados perros urbanos y convenientemente olvidados por sus dueños y cuidadores, son un riesgo latente para caminantes descuidados. Cualquier descuido momentario te llena la suela de mierda. Apesta hasta los altos cielos y es difícil de limpiar. Un bajón como se lo mire. 

Artistas y poetas, que suelen caminar distraídos imaginando sus obras o recitando poesías en silencio, son los que corren más riesgos.

Un cuidador con auriculares y teléfono inteligente lleva nueve perros a su paseo matutino. De todos los colores y tamaños se mueven en forma coordinada. Atrás un pequeño terrier blanco se rehúsa a caminar con el grupo. Planta sus patas traseras y ladra desconsolado como tratando de alertar al cuidador.  En esta ciudad nada se detiene y es arrastrado por el resto. Mientras camina, el cuidador sigue escuchando su música, aislado de la ciudad y de sus perros.

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Dos loquitos