Las mañanas de Puebla

Empiezan para mí, temprano, junto antes de que salga el sol con el fresco del invierno que se viene.  El aclarar descubre la silueta de Popocatépetl en la distancia detrás de la ciudad que empieza a despertar. Es tiempo de subir a la terraza y contemplar sus laderas, su cráter y los eructos de vapor de sus fumarolas.

La ciudad vive pendiente de los humores del volcán.  Ese ser vivo que puede dañarla en pocas horas. No hay que acercarse, me explicó la dueña del departamento.   

Desde el techo se ven casas y edificios, calles y avenidas, los primeros vehículos moviéndose, personas caminando hacia algún lado. La ciudad empieza gradualmente su flujo del día.

Mi mirada vuelve a él como si de él hubiera nacido el mundo, como si fuera un dios antiguo e inescrutable. Quizás lo es.  Pasan los minutos y me es imposible dejar de mirarlo, de fotografiarlo, de tratar de entender su humor mañanero ¿Está feliz, huraño, pícaro o enojado? ¿Será hoy el día?

Previous
Previous

Lakam Há

Next
Next

Cosas de la cocina de México